Todos nos sentimos tristes en más de un momento en la vida, pero la depresión no es solo tristeza. Es una alteración del estado del ánimo que causa sentimiento de tristeza, acompañada de otros síntomas como desánimo, pérdida de interés, pérdida de sentir placer, insomnio o mucho sueño, problemas con el apetito, pérdida o aumento de peso, agitación o lentitud, fatiga fácil, falta de energía, desesperanza, culpabilidad, pensamientos negativos, falta de concentración, pérdida del auto estima, pensamientos recurrentes de muerte o, incluso, ideas de suicidio.

​En ocasiones la tristeza puede manifestarse también como irritabilidad.
 
Una persona con depresión no necesariamente va a tener todos los síntomas descritos, pero seguramente los ha tenido más de dos semanas, siente que no desaparecen por esfuerzo o voluntad propia y que persisten en la vida diaria.  La interacción entre el número de síntomas, la intensidad de ellos y su persistencia hacen que la vida personal, de pareja, familiar, laboral o social se vean afectadas. 
 
La depresión es una alteración del funcionamiento del cerebro que tiene causas biológicas, psicológicas y sociales.  Entre las causas biológicas están la genética, los daños en el cerebro, el mal funcionamiento del sistema bioquímico cerebral, otras alteraciones o enfermedades médicas, uso de ciertos medicamentos, uso de alcohol y de drogas.  Las causas psicológicas y sociales de la depresión son múltiples y diversas en cada ser humano.  La dinámica entre las situaciones problemáticas de la vida, los mecanismos que la persona tiene para afrontarlas y el impacto que ellas provocan en la persona conllevan cambios en el funcionamiento del cerebro y, por lo tanto si sostenido, pueden causar depresión.
 
Los tipos de depresión varían según el momento en que se presenta, el tipo de síntomas y su duración, por ejemplo depresión posparto o perinatal, depresión unipolar,  depresión bipolar, distimia, entre otras. Mientras que la intensidad (leve, moderada o severa) se determinará según el número de síntomas, la gravedad de ellos y la afectación que provoquen en la vida de la persona.
 
Está evidenciado científicamente, por medio de la investigación, que hay tratamientos eficaces para la depresión incluyendo medicamentos y psicoterapia.  Cuando la depresión es leve, no se recomienda usar medicamentos, en este caso el tratamiento es la psicoterapia.  Si la depresión es moderada a severa, entonces sí es necesario el uso de medicamentos acompañando de psicoterapia.
 
Hay muchos mitos alrededor de los medicamentos antidepresivos, por lo mismo hay muchas personas que tienen miedo a usarlos.  La realidad es que son medicamentos seguros, muy eficaces, avalados científicamente, no causan adicción, no mantienen a las personas “como zombies”, provocan pocos efectos secundarios, aunque deben ser prescritos, controlados y evaluados por el psiquiatra. 
 
Desde el inicio del tratamiento, el psiquiatra deberá explicar detallada y detenidamente al paciente, que los antidepresivos son medicamentos de uso a mediano o largo plazo y que hay posibilidad que causen efectos secundarios que disminuyen al pasar de los días y que se pueden contrarrestar.  Por otro lado el psiquiatra también deberá explicar los grandes beneficios que se obtienen al tomarlos y por qué se recomienda su uso.  
 
Hay gran variedad de antidepresivos avalados y de venta en el mercado, pero no todas las personas se benefician del mismo medicamento.  Por ello es necesario que el psiquiatra analice y defina que medicamento utilizará en cada paciente, basándose en los síntomas, la historia personal y el objetivo que se pretende alcanzar. Como en otros problemas médicos, la mayoría de personas responden bien al primer medicamento, pero habrá otras que no responden, en estos casos se necesitará, entonces, elegir otro antidepresivo o una combinación adecuada de medicamentos.
 
Los dos grandes grupos de antidepresivos que se utilizan, actualmente, son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina.  Existen otros en el mercado, pero en estos días son de uso muy limitado, principalmente, por la cantidad de efectos secundarios que causan.  Los otros medicamentos que pueden utilizarse, según sea el caso, son los estabilizadores del ánimo y los antipsicóticos.
 
Parte del tratamiento y como complemento a la medicación es necesario llevar un proceso de  psicoterapia.  Las psicoterapias también deben estar basadas en evidencia científica. Para la depresión las siguientes son las que se recomiendan: la terapia dinámica breve, la terapia cognitivo-conductual, la terapia interpersonal y la terapia humanista-existencial. La psicoterapia se deberá basar en las necesidades del paciente, sus características, habilidades y preferencias.
 
En definitiva, lo que se busca en el tratamiento es  que sea integral (medicamento adecuado y psicoterapia), disminuir o desaparecer los síntomas, la recuperación, la reintegración y el disfrute de la vida cotidiana.
 
El tratamiento es un proceso que conlleva varias semanas y meses.  En este proceso se necesita el profesionalismo, la empatía, la disponibilidad y el conocimiento del psiquiatra, unido a la constancia, la perseverancia y el compromiso del paciente con su tratamiento.  El éxito del tratamiento dependerá del trabajo colaborativo entre ambos. 

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