Hemos mencionado las posibles causas de la ansiedad, para continuar el tema y pensar en lo que podemos hacer para gestionar la ansiedad abrimos este espacio.
 
Como sabemos, TODAS las personas pasamos por momentos que nos generan ansiedad.  Estos momentos pueden ser ocasionados por pensamientos, cambios, retos, incertidumbres, problemas, separaciones, muertes, situaciones difíciles, stress, entre muchas más. 
 
Debido a que todos hemos pasado por momentos así, cada cual hemos creado diferentes formas para sentir alivio y evitar la ansiedad, probablemente algunas de ellas han funcionado y otras no.   A esas maneras de hacerle frente  a lo que sentimos en dichas situaciones les denominamos mecanismos de afrontamiento o mecanismos para gestionar la ansiedad , y no son nada más que nuestras costumbres, habilidades o conocimientos usados para responder y adaptarnos.  
 
Los mecanismos de afrontamiento pueden ser positivos, buenos, saludables o negativos, malos, no saludables.  Para la adecuada gestión de la ansiedad es necesario que encontremos y potenciemos lo más que podamos los positivos y evitar usar los negativos.
 
Entre los mecanismos de afrontamiento negativos se encuentran todo lo que nos daña o daña a otros, como la agresividad, la evitación, la violencia, el consumo inadecuado de alcohol, de tabaco y otras sustancias.  Mientras menos usemos estos mecanismos, más espacio y energía tendremos para darle a los mecanismos de afrontamiento positivos.
 
Los mecanismos de afrontamiento positivo son, a diferencia de los anteriores, los que nos hacen sentir mejor, más aliviados, más tranquilos, en paz, que nos generan bienestar a nosotros mismos e, indirectamente, a otros.
 
Los mecanismos de afrontamiento pueden ser útiles para una situación determinada, pero no para otra.  Lo mismo pasa con las personas, a cada una le sirve diferente mecanismo en diferente situación.  Tomar la  decisión de mejorar la situación y encontrar nuestros mecanismos de afrontamiento más útiles es una dinámica constante, que requiere aprendizaje, paciencia, adaptación y que nos producirá bienestar.  Mientras más mecanismos de afrontamiento positivo  tengamos, más y mejor podremos gestionar la ansiedad. 
 

Mecanismos para el buen afrontamiento y por qué funcionan.

 
Identificar el problema:  Poder identificar lo que nos hace sentir mal, ansiosos o incómodos es clave para ir orientando la resolución del conflicto.  Si no podemos identificar qué es lo que nos sucede, es importante buscar ayuda profesional.
 
No minimizar ni magnificar el problema:  Al tener identificada la situación(es) que nos hace sentir de la manera que nos estamos sintiendo, debemos darle la importancia que se merece, ni pasarlo por alto e ignorarlo ni ponerle más drama nos ayudará a sentirnos mejor.
 
Priorizar:  Tener más de un pendiente a la vez contribuye a que las emociones se desequilibren y tener más incertidumbres, más ansiedad, organizarnos y poner primero lo que necesita resolverse más rápido a lo menos rápido nos ayuda a tomar mejores decisiones.
 
Alimentarse adecuadamente: La base para que el cuerpo y el cerebro funcionen bien es la buena alimentación.  Cuando estamos ansiosos o tenemos algún problema el cerebro tiene que trabajar de la mejor manera posible, por lo que necesita estar funcionando bien y recibir los nutrientes necesarios.  Estos nutrientes se encuentran teniendo una alimentación saludable y balanceada.
 
Hacer ejercicio físico:  Como ya sabemos, el ejercicio libera endorfinas en el momento en que lo realizamos, por lo tanto, nos sentimos mejor inmediatamente después de terminarlo.  Si el ejercicio se realiza frecuentemente (4 veces a la semana), empezaremos a tener cambios en la condición física pero además las endorfinas van impactando en otras sustancias del organismo, que contribuirán a mejorar la concentración, a dormir mejor y a tener un mejor equilibrio de la emociones.  Aunque todavía se están haciendo estudios científicos sobre el tema, es es recomendable tener una rutina constante de ejercicio, ya que puede contribuir en la buena salud mental.
 
Aprender y practicar técnicas de respiración controlada:  Nuestro cuerpo necesita tener un adecuado nivel de oxígeno. Cuando estamos ansiosos nuestra respiración cambia y generalmente se acelera, por lo tanto los niveles de oxígeno se alteran y no hay una adecuada oxigenación.  Tomar control sobre la respiración con técnicas adecuadas como la respiración controlada ayuda en dicho intercambio.  Si hacemos lo anterior pero además con la concentración que se requiere, poniendo atención solamente en el aire que entra y sale del cuerpo, estamos centrando la atención en nosotros mismos, lo que a corto, mediano y largo plazo ayuda en la buena gestión de la ansiedad y de otras emociones.
 
Tener una adecuada higiene del sueño: La ansiedad tiene como característica que estemos muy preocupados y pensando frecuentemente en lo que nos sucede.  Debido a eso nuestros pensamientos están “trabajado” todo el tiempo, incluso cuando nos vamos a acostar, contribuye a que nos cueste quedarnos dormidos o a no dormir bien.  La adecuada higiene del sueño es una serie de recomendaciones que nos permite tener una rutina sana unas horas antes de ir a dormir para ayudar así a conciliar el sueño y que es necesario practicarla todos los días
 
Practicar la relajación:  El estado de alerta en que nos mantenemos cuando tenemos ansiedad nos impide relajarnos.  Hacer actividades que sean sanas y nos gusten es fundamental para gestionar la ansiedad, cada uno tenemos diferentes formas de relajarnos como leer, hacer caminatas, salir en bicicleta, pasear al aire libre.  Es importante que cada uno identifiquemos y practiquemos diariamente una forma de relajarnos para no acumular tensiones sino gestionarlas lo más pronto posible. 
 
Comentar la situación con personas de confianza, nos ayuda a tener una perspectiva diferente, por lo tanto a pensar lo que nos sucede desde otro punto de vista.
 
Ir a psicoterapia:  La psicoterapia es un proceso de reflexión, análisis, autoconocimiento y crecimiento personal que nos ayuda a atravesar momentos difíciles en la vida.  Los psicoterapeutas, ya sea psicólogos clínicos o psiquiatras, son los especialistas en esta área.
 
Tomar medicamentos si son prescritos por un psiquiatra:  Cuando la situación ya no se puede aliviar por medio de herramientas personales o terapia es necesario consultar a un profesional de la medicina, especializado en psiquiatría.  El psiquiatra analizará la situación y definirá si la persona requiere, o no, medicamentos.   Éstos combinados con otras terapias, ayudan a disminuir la ansiedad o a mejorar nuestras emociones, a mejorar nuestro funcionamiento diario y, finalmente, a sentirnos mejor.

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