La depresión es un problema bastante frecuente puede sucederle a hombres y mujeres, niños, adolescentes y adultos, no importando su ocupación, formación académica o estatus económico, en fin, puede ocurrirle a cualquiera.

Cada persona vive, percibe y trata de superar la depresión de distintas maneras.  Tenemos la dicha de contar con relatos de personas que nos cuentan su historia desde su propia experiencia, tal es el caso de Matthew Johnstone, escritor e ilustrador neozelandés, quien a través de su relato e ilustraciones en “Yo tuve un perro negro y su nombre era depresión” nos transmite su propia vivencia.  Les invito a leerla y a ver el video.

Tuve un perro negro y su nombre era depresión.

Mirando hacia atrás, el perro negro había estado entrando y saliendo de mi vida desde mis veinte años. Cada vez que aparecía, me sentía vacío y la vida parecía ir más lento.

El perro negro podía sorprenderme con una visita sin motivo aparente, en cualquier ocasión. Podía hacer que me viera y me sintiera más viejo que los años que tengo.

Cuando el resto del mundo parecía estar disfrutando la vida, yo solo podía verla a través del perro negro.

Las actividades que generalmente me daban placer de repente dejaron de hacerlo. Al perro negro le gustaba arruinar mi apetito. Masticaba mi memoria y mi capacidad de concentración. Hacer cualquier cosa e ir a cualquier parte con el perro negro requería una fuerza sobrehumana. Si el perro negro me acompañaba a un encuentro social, olfateaba la confianza que yo tenía y la ahuyentaba.

Mantener una mentira emocional absorbe una cantidad increíble de energía. Es como tratar de cubrir la epilepsia, un ataque al corazón o la diabetes.

El perro negro podía hacerme decir cosas negativas. Podía hacer que mi voz sonara débil y sin convicción. Podía volverme irritable y difícil de estar cerca. El perro negro no dudó en tomar mi amor y enterrar mi intimidad. Le gustaba despertarme con pensamientos muy repetitivos y negativos.

Tener un perro negro en tu vida no se trata tan solo de sentirte un poco deprimido o triste. En su peor momento, se trata de carecer por completo de sentimientos.

Con el paso de los años, el perro negro se hizo más grande y comenzó a andar conmigo todo el tiempo. Yo le decía “¡BASTA! ” y lo atacaba con cualquier cosa que pensaba podría hacerlo correr lejos de mí. Pero la mayoría de las veces él saldría ganador. Caerme era más fácil que levantarme de nuevo.

Con el tiempo, llegué a ser bastante bueno con la auto-medicación… que nunca me ayudó realmente. Empecé a sentirme totalmente aislado de todo y de todos. El perro negro finalmente logró secuestrar mi vida; me puso de rodillas. Mi voluntad de seguir me había abandonado.

Esta fue la primera vez que busqué ayuda profesional y recibí un diagnóstico clínico. Fue mi primer paso hacia la recuperación y un importante punto de inflexión en mi vida.

Descubrí que hay muchas razas diferentes de perro negro que afectan a millones de personas de todos los ámbitos de la vida. El perro negro es un perro callejero con igualdad de oportunidades. Aprendí que hay muchas formas diferentes de tratar al perro negro. También aprendí que no hay una solución rápida.

La medicación puede ser una parte necesaria del tratamiento para algunos; otros pueden necesitar un enfoque completamente diferente.

El perro negro me hizo creer que si alguna vez le contaba a alguien sobre él, yo sería juzgado. La verdad es que ser emocionalmente genuino con los amigos cercanos y la familia puede ser un absoluto salvavidas.

Dejar que el perro salga es mucho mejor que mantenerlo adentro. Aprendí a no temer al perro negro y le enseñé algunos trucos propios. El perro negro se alimenta del estrés y la fatiga; cuanto más te estresas, más fuerte ladra. Es importante aprender a descansar adecuadamente y calmar tu mente. Yoga, meditación, y estar en la naturaleza puede ayudar a callar al perro negro.

El perro negro es gordo y perezoso, preferiría que te acostaras en la cama y hacer que sientas lástima de ti mismo. Odia el ejercicio, sobre todo porque te hace sentir mejor. Cuando menos te apetece moverte, es cuando deberías moverte más. Entonces, sal a caminar o correr y deja el perro atrás.

Mantener un diario del estado de ánimo puede ser muy útil. Poner tus pensamientos en papel es altamente liberador y a menudo esclarecedor. La elaboración de una especie de símbolo para calificar cómo te sientes cada día es una buena manera de hacer un seguimiento del perro negro

Lo importante para recordar es que no importa qué tan grave se vuelva… si das los pasos correctos, los días del perro negro pueden pasar y pasarán.

No diría que estoy agradecido por tener al perro negro en mi vida, pero lo que he perdido por su causa, lo he ganado de otras maneras. Me obligó a reevaluar y simplificar mi vida.

Él me enseñó que, en lugar de huir de los problemas, es mejor reconocerlos e incluso abrazarlos.

El perro negro puede ser siempre parte de mi vida. Pero he aprendido que con paciencia, humor, conocimiento y disciplina, incluso el peor perro negro puede controlarse.

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