¿Qué es el Trastorno de Ansiedad Generalizada?

Todas las personas nos hemos puesto ansiosas más de alguna vez, pero cuando los miedos y preocupaciones son tan persistentes que interfieren con la capacidad para realizar las actividades diarias y para relajarse, es posible que se sufra de trastorno de ansiedad generalizada (TAG).

 Se estima que 275 millones de personas padecen trastornos de ansiedad. Eso es alrededor del 4% de la población mundial. Alrededor del 62% de las personas que sufren ansiedad son mujeres (170 millones), en comparación con 105 millones de hombres. Las mujeres tienen casi el doble de probabilidades de verse afectadas. El trastorno se presenta gradualmente y puede comenzar a lo largo del ciclo de vida, aunque el riesgo es mayor entre la infancia y la mediana edad. Se desconoce la causa exacta del TAG, pero hay evidencia de que los factores biológicos, los antecedentes familiares y las experiencias de la vida, particularmente las estresantes, juegan un papel importante.

El TAG es un trastorno de ansiedad común, que implica preocupación constante y crónica, nerviosismo y tensión. A diferencia de una fobia, donde su miedo está enfocado en una cosa o situación específica, la ansiedad del TAG es difusa, es un sentimiento general de temor o inquietud que acompaña toda su vida. Esta ansiedad es menos intensa que un ataque de pánico, pero es mucho más duradera, lo que dificulta la vida cotidiana y hace imposible la relajación. El TAG es mental y físicamente agotador, drena su energía, interfiere con el sueño y desgasta su cuerpo.

Entendiendo el TAG

El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) se caracteriza por una preocupación persistente y excesiva por una serie de cosas distintas. Las personas con TAG pueden estar predispuestas a pensar en situaciones catastróficas y estar demasiado preocupadas por lo que pueda suceder con el dinero, la salud, la familia, el trabajo u otros problemas. Estas personas tienen dificultades para controlar su preocupación, pueden preocuparse más de lo necesario acerca de eventos reales o esperar lo peor, incluso cuando no haya una razón aparente para ello.

El TAG se diagnostica cuando una persona tiene dificultad para controlar estas preocupaciones y éstas ocupan mucho tiempo de su día, durante al menos seis meses, y manifiesta tres o más síntomas:

  1. Aprensión: preocuparse por futuras desgracias, sentirse nervioso, tener dificultades para concentrarse.
  2. Tensión motora: inquietud y nerviosismo, dolores de cabeza por tensión, temblor, incapacidad para relajarse
  3. Hiperactividad autónoma: mareos, sudoración, frecuencia cardíaca anormalmente alta (taquicardia) o respiración anormalmente rápida (taquipnea), dolor en la parte superior del abdomen (molestias epigástricas), mareos y boca seca.

Ese conjunto de características y síntomas diferencian el TAG de la preocupación, que puede ser debida a un factor estresante específico.

Las personas con TAG no saben cómo detener el ciclo de preocupación y sienten que está más allá de su control, a pesar de que generalmente se dan cuenta de que su ansiedad es más intensa de lo que la situación justifica. A veces, solo pensar en pasar el día produce ansiedad.

Todos los trastornos de ansiedad pueden estar relacionados con dificultad para tolerar la incertidumbre y, por lo tanto, muchas personas con TAG intentan planificar o controlar situaciones. Algunas personas creen que la preocupación evita que sucedan cosas malas, por lo que consideran que es arriesgado dejar de preocuparse. A veces, quienes padecen TAG pueden también presentar síntomas físicos como dolores de estómago y dolores de cabeza.

Muchas personas con TAG pueden tender a evitar situaciones derivado de su trastorno o, dejar de aprovechar las oportunidades debido a su preocupación (situaciones sociales, viajes, promociones, etc.). Algunas personas pueden tener dificultades para realizar las actividades diarias más simples cuando su ansiedad es grave.

Cuando el nivel de ansiedad es moderado a severo y reciben el tratamiento y abordaje adecuado, las personas con TAG vuelven a tener la vida personal, laboral, académica y social que antes tenían, pueden volver a tener, o lograr, una vida plena y significativa.  Lo cual es el objetivo del tratamiento psiquiátrico.

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